La disyuntiva griega

Ahora estamos en una crisis estructural, hemos estado en ella por unos 40 años. Continuaremos en esta crisis por otros 20 a 40 años. Este es el promedio de tiempo que dura una crisis estructural en un sistema histórico social. Lo que ocurre en una crisis estructural es que el sistema se bifurca, lo que esencialmente significa que emergen dos modos alternos para finalizar la crisis estructural cuando colectivamente se elige una de las alternativas.

La principal característica de una crisis estructural es una serie de fluctuaciones caóticas fuertísimas de todo –los mercados, las alianzas geopolíticas, la estabilidad de las fronteras estatales, el empleo, las deudas, los impuestos. La incertidumbre, en el corto plazo, se vuelve crónica. Y la incertidumbre tiende a congelar la toma de decisiones económicas lo que, por supuesto, empeora la situación”.

“Trastornos Globales en el Mediano Plazo”, Immanuel Wallerstain, publicado el 12 de Enero de 2013, La Jornada

El próximo domingo, el pueblo griego deberá elegir in extremis entre dos purgatorios en el referéndum convocado por el Primer Ministro, Alexis Tsipras, donde Grecia se juega su presente y el futuro de la próxima generación. Por un lado está la opción de apoyar el SI, y con ello, respaldar el acuerdo con sus acreedores, lo que significa políticas de austeridad y más recortes al gasto público, todo acompañado de una crisis de gobierno por la caída de Tsipras, que ya ha anunciado que dimitirá de presentarse ese escenario. Por otra parte, respaldar el NO implicaría la eventual salida del Euro, y en el peor de los casos, la ruptura de Grecia con la Unión Europa, su principal socio comercial, lo que marcaría el inicio de una crisis económica sin antecedentes en la historia contemporánea.

Hace más de dos milenios y medio que en Grecia se gestaron importantes contribuciones para la humanidad. Hoy, en el país donde surgieron la paradoja, la democracia y la tragedia, todo supone que los eventos se sucederán en ese orden.

Escenarios

Alexis Tsipras ganó las elecciones porque prometió el fin de la austeridad en tandem con mantener a Grecia en el Euro. Si el pueblo griego vota mayoritariamente por el SI en las urnas, supondría a corto plazo la salida de Tsipras -que perdería su razón de ser-, elecciones anticipadas, y un umbral de semanas de gran incertidumbre. A largo plazo, se esperaría un páramo de varios años de crisis, desempleo y dependencia absoluta de Grecia a las políticas de la troika -Fondo Montario Internacional, Comisión Europea y Banco Central Europeo-.

Si el pueblo griego vota por el NO, Grecia tentativamente saldría del Euro. Eso implicaría seguramente retomar el dracma -su anterior moneda- y aplicar instrumentos macroeconómicos tradicionales: depreciar la moneda para tener ventajas en las exportaciones y buscar un tipo de cambio flexible, entre otras medidas ahora inaplicables al ser parte de una moneda única. Muchos analistas insisten en que no sería un escenario nuevo el de Grecia: Gran Bretaña es el ejemplo de un país que comercia con la Unión Europea sin pertenecer al Euro. Sin embargo, si la crisis política se agrava y Grecia rompe con el bloque europeo, perdería las ventajas arancelarias y pagaría todo al doble, lo que aunado a la crisis económica, podría terminar en un desastre humanitario.

En el corto plazo habría una crisis de crisis: el cambio de moneda toma de cuatro a seis meses, aunado a las presiones internacionales y el cierre de bancos, sería el escenario de una situación agravada, difícil de sostener para el gobierno y más complicado de soportar para la sociedad. A largo plazo existiría una pequeña, muy pequeña oportunidad de salir de la austeridad, tal como pasó en Argentina la década pasada, pero se esperaría un gran periodo de sacrificios para el pueblo griego, que paradójicamente, es el lugar en la Unión Europea donde más se trabaja per cápita: en acuerdo a Forbes, un trabajador griego labora 42 horas por semana, seguido por 39 horas de Portugal y 38 horas de España. Un Alemán promedio trabaja 35 horas, mientras un holandés, 30 horas.

Negociaciones

El pasado miércoles 1 de julio, Yanis Varoufakis, actual ministro de finanzas en Grecia, escribió en su blog las razones por las que los griegos debería votar por el NO el domingo, siendo su argumento central que sus acreedores rechazan reducir o reestructurar la deuda, a pesar de que el FMI y el eurogrupo reconocieron que es la única salida realista al impasse actual. Elegir el NO serviría, en acuerdo a Varoufakis, para “negociar la deuda con una Grecia orgullosa y soberana, que pueda repartir sus cargas”. Vale decir que Syriza esta realizando también una campaña para promover la opción del NO en el referéndum, aduciendo que es elegir “la democracia y la dignidad”. Por su parte, la oposición conformada por conservadores, socialistas y el partido de corriente liberal To Potami, arengan a Grecia a votar SI. “Por el Euro y por Europa” es su lema.

En cuanto al resultado del domingo, el pronóstico es reservado, pues las encuestas disponibles, más que aclarar el estado de las cosas, pretenden orientar una tendencia: mientras que el diario conservador “Eleftheros Typos” supone una ventaja de 47% para el SI por un 43% a favor del NO, el diario “Syntakton” muestra a un 51% de grieg@s apoyando el NO, por un 33% que se decanta por el SI.

El Eurogrupo -conformado por 19 ministros de finanzas de la zona euro- ha dicho que esperará los resultados del referéndum dominical para posicionarse, si bien ha orillado a Grecia al punto de no-retorno en el que se encuentra, suspendiendo las negociaciones sin aceptar ni rechazar la última propuesta de Tsipras -que en el fondo se alineaba a sus requerimientos- pero que a su parecer “había llegado demasiado tarde”. Se deja entrever en ese gesto que el asunto con Grecia va más allá de la deuda.

Dilemas y trilemas

En “Globalization Paradox” Dani Rodrik estableció su famoso “trilema”, el cual dicta que un país no puede tener a la vez democracia, globalización y soberanía nacional. La “Grexit” -salida de Grecia de Europa- sería resultado de que, ejerciendo su soberanía y apelando a la democracia de un referéndum, Grecia diga NO y desencaje con las exigencias del Euro y de sus organismos financieros. En el caso opuesto -siguiendo este modelo- votar SI para mantenerse en el Euro cueste lo que cueste, dejaría de lado su soberanía.

Aquí llegamos a un tema de fondo: si el pueblo griego dice que SI al programa de austeridad, se condena a que cualquier voto futuro sea inútil: ¿Para qué conformar cada tanto un parlamento que nada podrá elegir sobre el destino de sus ciudadan@s, una vez que el domingo se hipoteque a una generación? De tomar esta opción, desde el lunes las decisiones sobre aspectos cruciales de la vida cotidiana de una familia griega serán deliberadas en Washington, Bruselas y Frankfurt, sedes de la troika, ya nunca por sus representantes.

Lo cierto es que si Grecia sale de la eurozona es un golpe para la construcción misma de Europa. Además de que manda un mensaje a Portugal y España, se queda atrás el discurso de la solidaridad y la unión entre países vecinos, que ahora sólo son amigos si no hay moratorias en los pagos: l@s grieg@s pueden ser ciudadan@s europeos, pero sólo si cubren las tarifas. Se desestima que fueron también grieg@s quienes perdonaron la deuda contraída por Alemania bajo el concepto de reparaciones de guerra por la ocupación nazi.

En ese cariz, la situación griega es trascendente: si en esas tierras surgió la democracia occidental, todo indica que también ahí puede hundirse. El punto de bifurcación de la actual crisis estructural europea está también en Grecia.

Tsipras y su alianza de gobierno han hecho su apuesta: que decida el pueblo. Es difícil olvidar que Syriza logró ganar apenas en enero de este año y que sus promesas se desvanecieron muy pronto. En su caso se cumple aquella aguda sentencia del vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera: “Cuando eres oposición, lo importante es la política. Cuando gobiernas, lo importante es la economía”.

Para el pueblo griego la disyuntiva es colosal: ir a las urnas es elegir entre Escila y Caribdis. Teniendo en juego democracia y soberanía, estremece rememorar aquel famoso discurso fúnebre de Pericles: “Tenemos un régimen político que no se propone como modelo las leyes de los vecinos, sino que es él modelo para otros. Y su nombre, como las cosas dependen no de una minoría, sino de la mayoría, es democracia”.

@CesarAlanRuiz

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